miércoles, 16 de diciembre de 2015

Todos somos actores y público


Hoy he quedado con Roberto Valencia en Atocha porque llega el poeta Jordi Doce en el Ave que ha cogido en Mérida. Fomento decidió hace 16 años que Extremadura se merecía que el Ave a Lisboa pasara por Mérida. Antonio Valadés acaba de asistir al encuentro más importante de su vida. Simón le dijo: mañana vendrá Jordi ya, y me ha mandado su taller que os va a realizar en clase. Se parece mucho a las ideas que tienes, él lo va a hacer sobre Tecno. Estas son las preguntas:

¿Consideráis que la fotografía digital ha supuesto una ruptura con el modo de producir, pensar y utilizar la imagen en la sociedad contemporánea?

¿Qué ha aportado Muñoz Molina a la literatura?

¿Y si en 2015 merece la pena que Javier Cercas siga haciendo ese tipo de novelas? Valle-Inclan no era rico, y en Sonata de Invierno no hace frío.

-Simón.
-¿Qué? Dime Antonio.
-¿Tú crees que Jordi aceptaría esta pregunta para la sesión de mañana?

¿Un profesor de literatura se acuerda de los poemas que escribía cuando estaba estudiando el bachillerato?

Cuando Jordi y Roberto se encontraron, decidieron que no había tiempo que perder. Sabían que Vicente Luis Mora les esperaba en su casa y ya había empezado el borrador de los nuevos planes de Estudio de Bachillera en España. La ley empezaba así. En todas las clases de un Instituto debe haber un Proyector, y sustituir la equivocación de que los niños tuvieran un ordenador por papel y bolígrafo.



miércoles, 9 de diciembre de 2015

Una poética

El 27 de octubre de 1997, hicieron una entrevista a una poeta que sabía que iba a morir. Se llamaba Denis Levertov. Estaba en su casa de Seattle, y no dejó de servir a Nicholas O'Connell, su entrevistador, té Earl Grey con leche y azúcar, su favorito. El 20 de diciembre murió. En la entrevista habla de cosas que todo el que quiera escribir un verso como yo, debería aprender. En 2013, en ediciones Linteo, en tradución y edición de José Reina Palazón, sale la poesía completa (911 páginas) de Anne Sexton y me la compré. y está finalizando 2015 y todavía no he terminado el libro, y se me hace muy pesado. Creía que era yo, y seguramente seré yo, pero mi acercamiento a Anne Sexton fue porque tenía Esquizofrenia, y se suicidó de una forma romántica si hay una forma romántica de quitarse la vida, que no creo. En la solapa del libro rezan estas palabras: Muere una mujer poeta y nace un mito fulgurante. Denis Levertov le cuenta a Nicholas cosas como esta: 'Estoy sin duda bastante cansada del tipo de poema yo, yo, yo, del poema tipo 'Busca el lodo y escarba' de Sharon Olds, que ha influido en que alguna gente busque espantosos episodios en su vida, tanto si sucedieron realmente como si no. Antes, cuando Robert Lowell y Anne Sexton eran los modelos para los neófitos, tenías que haber pasado un cierto tiempo en un hospital psiquiátrico para poder alcanzar el calificativo de poeta. Ahora tienes que haber pasado por algún tipo de maltrato. Sé perfectamente que gran cantidad de personas han sido realmente maltratadas, pero es desafortunado usar el hecho del abuso como pasaporte para convertirse en poeta. Estoy cansada de esa clase de egocentrismo.' Ayer fue la primera vez en mi vida que oí a hablar de esta poeta, y según he investigado por ahí, ha sido maestra de poetas y poetas. Pongo aquí de ejemplo unos versos de un poema suyo titulado Sin título con los que me he dado cuenta qué es verdaderamente la excelencia:

Retales de luna
meciéndose descartados sobre el agua quebrada
pero la luna del cielo
intacta, [...]

Ayer le dije a mi mejor amiga que tengo un libro de poemas que me descontenta. Me sale del alma cada verso, pero el libro no está construido, y termina con este verso de Anne Sexton que me sirve para lo que yo deseaba acabar expresando en el libro:

ella no quería, no quería, no quería

Hace unos días volvió a recobrar para mí una especie de significado el premio Jaime Gil de Biedma de poesía. Álvaro Valverde puso en su muro de Facebook  que Santiago Castelo lo ha ganado póstumamente. La última vez que me fijé en este premio, me metí en la página web de la Diputación de Segovia y vi los finalistas. Este libro mío no estaba entre ellos y lo presenté, y no conocía a nadie de los finalistas porque eran seudónimos, Y me han surgido unas infinitas ganas de leerlo, al conocer que lo ha ganado Santiago. Su libro anterior me lo firmó la última vez que lo vi en Don Benito, y guardo la dedicatoria sencilla como oro en paño para el resto de mis días. Era allá por 2013, y unos 9 años antes, por 2004, terminado de leer la edición y estudio que Simón Viola hizo de su obra entre 1976 y 2001, me dirigí a la Casa de Cultura roto, cabizbajo... Simón me lo presentó. Y no recuerdo las palabras, pero me estrechó la mano, y he seguido intentándolo e intentándolo.
Este libro mío, hace poco me ha dicho una amiga a la que se lo dediqué, que le gustaba mucho, que era de los que más le habían gustado. Cuando lo leyó el año pasado, afirmó que en cuanto pudiera íbamos a tomar un café de cinco horas e íbamos a discutir sobre todo lo que dice el libro, noté que se sentía anonadada. Sigo pensando que no es un libro: es poesía sin construir.
Siempre he pensado que Santiago Castelo es inmenso, pero que le pasa como a Ronaldo con Messi en fútbol: por mucho balones de oro que gane porque meta más goles que Messi, nunca va a ser el mejor jugador de la historia del fútbol hasta 2015. En la época de Santiago estaban Los novísimos, Aníbal Núñez entre muchos, y alguien con el que tengo una relación ficticia.
En 2012, sin tener ni puta idea de nada, desesperado, y digo sin tener ni idea porque en los último 15 años de mi vida, vivo en un kairos que no tiene nada que ver con el ritmo que lleva la gente, como le dije a un amigo profesor de filosofía, le envié una novela a DVD ediciones sin conocer quién era el editor, simplemente porque había oído que se fijaba en los jóvenes. Se la envié por mail y a la media hora me contestó. No recuerdo las palabras exactas, pero vino a decir que después de la Feria del libro de Madrid iba a cerrar porque la editorial no podía soportar los impagos, y me di cuenta que se estaba desahogando conmigo, y me aluciné porque era la primera vez que hablaba personalmente con un editor. Meses después la noticia salió en los periódicos y gente como Vicente Luis Mora se vino abajo. Entonces me dio por investigar sobre Sergio Gaspar, y vi que había un libro de poesía suyo que era de referencia. En una entrevista le preguntaban por ese libro y dijo que era imposible de encontrar y me dije que debía encontrarle. Y a veces esto de Internet sirve para algo, y hay un paraíso para los escritores y amantes de los libros que es Iberlibro, en donde buscando y buscando, en una librería de por ahí que no recuerdo, lo encontré. La edición es de 1988 en la editorial Thalasos, y el libro es Revisión de mi naturaleza. Creo que es el libro que más he leído en mi vida.  Es como si Sergio y Juan fueran dos niños que discutieran, y eso se convirtiera en dos libros que son dos obras maestras.  Desde que tengo Revisión de mi Naturaleza, me he preguntado por qué Sergio Gaspar nunca ha ganado el Nacional de Poesía. Me dio por buscar en Wikipedia y no aparece ninguna referencia de este libro. Lo que sí encontré, fue una lista de los Premios Nacionales de Poesía.

1988: Antonio Gamoneda (He leído todo y cada vez que lo leo caigo en una depresión)
1989: Pere Gimferrer (He leído muchísimo suyo en Internet y es poesía de cristal. Para mí si la tiro al suelo se rompe. Nunca me he animado a comprarme un libro de él)

Revisión de mi Naturaleza es un libro fantasma, y eso es para mí pura poesía. Mi peculiar manera de entender la poesía me ha hecho como soy, y me siento feliz. Esta es mi poética.



 

viernes, 4 de diciembre de 2015

Una cabezonería

Me pregunto si publicar trae el don de sentirse con suerte. En un post de Facebook, Blanca Riestra se sentía inmensamente feliz porque había ganado el premio Torrente Ballester. ¿Qué tiene el hecho de publicar? El artista es el único ser que es capaz de tratar, confeccionar, admitir su soledad, la soledad que todo ser humano alberga, pues nos hicieron con un yo que quiere ser reivindicado, y su reivindicación choca con otras reivindicaciones, no llegando ninguno a comprender esa soledad. Un libro es la soledad de un yo que hace amigos entre los lectores, y plantea el ritual de un espejo a través de ese yo. Me da que Marilyn Monroe no era muy diferente a mí, ni Figo muy diferente a ti, si no que todos tenemos distintos estados de yoes solitarios, y nos reivindicamos, los más necesitados, ante profesionales de la soledad. Dice Claudio Rodríguez en su poema Gestos que 'Una mirada, un gesto, / cambiarán nuestra raza'. Solo miras la tele o escribes en el buscador de Google, y en ese instante careces de un pensamiento singular. Hoy ha habido otro altercado en EE. UU. y había tal desbordamiento de información, que la corresponsal de TVE no era capaz de precisar en ese momento, cuántas personas habían muerto. Quizás el único momento que el hombre no se siente solo, es cuando duerme. 
Mañana llega Alcobas de luz mientras me pregunto qué de visibilidad tiene en Internet un blog de una chica que escribe poemas preciosos, o por qué ver Adán y Eva lleva la carga de la popularidad. Y cuando un chico y una chica llegan a Adán y Eva es porque verdaderamente sienten esa soledad, y quieren ser Marilyn Monroe.
Conozco a poca gente que no consiga lo que desea, si es racionalmente posible de conseguir, pero nadie se siente a gusto consigo mismo, si eso que consigue solo dura un instante o mejor dicho, si se basa en el Estado del Bienestar. Tener un hijo es bello, y los padres son felices porque puede que ese niño les dure a ellos; quizá un poema, escribirlo, deja la impronta de leerlo 10 años después, y en esa lectura, su sensación, produce infinidad de estados de estima. Por ejemplo, creerse con la impronta de reescribirlo porque sientes que fue algo escrito en la inmadurez; yo, cuando leo el poemario con el que me dieron el único premio que he ganado en la vida, me pregunto sin en esa época sentía que iba por buen camino. Lo único que recuerdo es mi inseguridad debajo de las sábanas volviéndolo a leer la noche que me comunicaron el premio, preguntándome si yo servía para esto. Luego vino la visión de un amigo 'experto' en poesía cuando le di Enredada calma. Me dijo: Víctor, cuando me dejaste leer Olores de desencanto, creía que te ibas a suicidar en tu literatura, porque pensaba que no tenías dotes de poeta. Luego una chica, a la que se lo pedí dos o tres veces, me dijo: Víctor, eres muy cabezón, y ya sabemos que lo más difícil de conseguir es que alguien te ame como le amas tú, pero escribir un libro de poemas lo puedes escribir porque eres muy cabezón.



viernes, 20 de noviembre de 2015

Estación Poesía Nº5

Dice Francisco Gálvez que si llegará a tiempo al lago… la mujer se mueve en la imagen de lo cotidiano, como si la poesía estuviera vencida. Nadie avanza, lo tecnológico ha hecho nuestra vida cargada de hipótesis, pero tengo un amigo que busca una vez al mes en google, y por tanto, solo en ese tiempo se ve influido por las nubes. No tiene internet en casa, y sigue explorando en sus libros de viejo una nueva sabiduría, porque los contemporáneos, los adolescentes que soportan que toda una clase suspenda latín, marcan la pausa de algo por descubrir que ya sabían los griegos. Yo me pregunto si el World of Warcraft sirve para la imaginación que no te da este verso de Miguel Mas: ‘No se deja pensar como un vacío’, y este amigo mío no vive otra vida. 



La literatura de una revista como Estación de Poesía que ya llega a su quinta entrega, y que descubrí por casualidad haciendo de jugador de videojuego, navegando por la web, al menos interesantemente, enciende la luminiscencia de un recordatorio, que entiende que la poesía existe, y como un fracaso más, atempera el ánimo y hace temperamentos. Salir una tarde lluviosa a imitar los versos que escribiera Lorca en su poema Lluvia (‘Y son las gotas: ojos de infinito que miran / al infinito blanco que les sirvió de madre’), mientras Sandra Sánchez es como yo, y ‘siempre ve el verso medio lleno’. ¿De qué? ¿Aprendes algo? ¿Recuerdas la hipótesis? El verso se construye de literatura que no existe, porque antes del verso existe la vida, y no existe el verso, y cuando existe el verso, la vida puede leerse como un verso aunque lo perdurable es el verso que recuerda una parte de la vida, ese instante que vives cuando lo lees, ‘ayer compré el pan / y decidí que correría por el campo como los caballos’. Esta es mi vida, e imaginen ustedes cabalgando a un jinete que necesita conocer qué siente el caballo que lo ha acompañado durante toda su vida, el poeta que desea los versos que jamás podrá escribir, y que lo que lee no le satisface. Mi mayor esperanza, o mejor dicho, la mejor esperanza de las cosas es esa mirada de una abuela a través del cristal de la cocina viendo a sus nietos jugar, que piensa como Petrarca que ‘esta vida sin duda [le] parece / algo así como dura pista de fatigas’.

jueves, 5 de noviembre de 2015

La única verdad de este siglo XXI


Leonard Freed
USA. New York City. 1956. Chinatown.

¿Qué miras? Eso piensa quien ha descubierto pero no sabe que el que estoy haciendo la foto soy yo. Me llamo Leonard Freed y ya no estoy entre vosotros. A veces me siento perdido por tanto siglo XXI como vemos en esta foto de hace un siglo, nuestra percepción es así, y estamos empezando. Me pregunto si Ailing llegará a conocer el final del siglo XX, tengo que llamarte así, muchacha que cree que se le ha realizado un sueño, muchacha que cree que podrá dedicarse a lo que ella deseé, y no a la vieja lavandería que regentan sus padres en Chinatown.
-Cuando te pregunté si querías estar conmigo, noté una cosa que no me gustó.
-¿El qué?
-Parecía uno de esos matrimonios concertados, por cojones estabas obligada a estar conmigo, y tienes derecho a enamorarte del camarero que nos pone las copas, y yo a quedarme triste hasta que llega la alegría, porque hay una chica fea con gafas que me ha tocado el culo. Es la única verdad de este siglo XXI.
-Dame un beso -le dijo Ailing.


sábado, 31 de octubre de 2015

Mark Strand, Casi invisible

A veces tengo sueño y una mosca me despierta. Ahora sí que ya no puedo dormir. La mosca podía ser la inspiración de un poeta que termina de serlo, la muerte es un instante que lo doblega todo. El último instante. Me gusta decir que no existen esos tres momentos insustituibles de pasado, presente y futuro. Me gusta decir que somos un instante al que Mark Strand llama mosca. y en 'El poema del poeta español' toma conciencia el hecho de que su itinerario ha desaparecido, ¿un poeta llevará un itinerario o es un instante que recoge una serie de libros? Un libro en una 'Sala de urgencias en el crepúsculo' donde 'Nunca debió comprar [ese] castillo cuando había tantos otros en venta, más baratos, más cálidos'. El castillo de la poesía está desordenado y es 'Casi invisible'. Desde él el mundo puede abastecerse de los ausentes, ese gran castillo de uno de esos desiertos que Dino Buzzati añoraba. La tristeza deja de ser razón de ser en las cosas para entender lo que dice Muñoz Molina que hace la fotografía, el fotógrafo debe su tarea a retratar la ausencia, ese espacio que la prosa olvidó. Se ha puesto de moda ser fotógrafo que escribe poesía... Un libro de poesía lee demasiado bien los demonios del mundo, y el mundo no está dispuesto a recordarlo. Donde no hay palabras, la imagen retrocedió hasta 'la voz estresada del reloj de arena pidiendo que alguien le diera la vuelta y demostrara que el futuro es solo una ilusión', y así, más me mantengo yo en esa corriente donde el río sigue corriendo o donde Valery habla de ese mar que siempre empieza, y que el futuro no sea otra cosa que un deseo inconformista del ser humano, que cree que su tiempo tiene una característica posible de mejora. Aceptar es una palabra que no encuentro en este libro, porque un poeta no acepta: Moisés elevó el término de la aceptación al decir que 'el lugar que pisas es tierra sagrada', pero Mark Strand contempla la inconformidad del hombre al estudiar estos versos de su poema 'Siempre puedes llegar hasta allí desde aquí', aunque reconoce haber llegado a un acuerdo:

'Un viajero regresó al país del que había salido hacía muchos años. Cuando descendió del barco, se dio cuenta de lo diferente que era todo. Una vez hubo allí muchos edificios, pero ahora quedaban pocos y todos necesitaban ser restaurados. En el parque donde jugaba el niño, rayos polvorientos de luz golpeaban las pardas hojas de los árboles y de los setos marchitos. Bolsas de basura vacías se dispersaban por la hierba. El aire pesaba. Se sentó en uno de los bancos y le explicó a la mujer que estaba a su lado que había estado ausente durante mucho tiempo, luego le preguntó a qué estación del año había regresado. Ella respondió que era la única que quedaba, la única en la que todos se habían puesto de acuerdo'. 


sábado, 10 de octubre de 2015

La anatomía del miedo, Jordi Doce

Quizás, cuando Jordi Doce llegó a Sheffield para su trabajo en la Universidad, pasó lleno de maletas por la calle más perfecta del mundo (Carver Street), e hizo un poema del mismo título que comienza 'Calle en soledad'. El maestro de la soledad que es Carver sintetizó los ojos que esa chica le echó a Jordi y que traspasa el poema, 'ella se queda a escuchar: esa música, / sin risas, sin bailes, ese silencio.' La anatomía del miedo es la parte de ejercicio que hace un poeta sobre nuestro tiempo. Un mapa y Jordi eligió mostrarlo en su campo, la poesía anglosajona. Dice de Salinger que 'en el silencio te dejas la piel', instruido por eso que sabe un ser humano cuando nace, que está solo porque Sylvia Plath olvida pronto a sus parientes, ('los días / transcurren como ancianas y un instinto de sol / mueve las cortinas.') A veces tenemos dudas al llegar a una gran ciudad que nos engulle, nos demuestra que nos necesitamos para vivir solos. Walt Whitman habla de ello en este verso: ¡Dejadme, pues, y seguid vuestro camino! al decirle a un joven poeta que nunca intente escribir como él, y habrá descubierto el Cielo. Jordi Doce habla de ese miedo. Nos movemos en las orillas y pocas veces nos zambullimos. Jordi habla de la madre que limpia con manos que han dejado de sentirle como una especie de profecía, de amuleto. Cree en lo innecesario, que se convierte en algo imprescindible, protestar, pues para qué sirven los resultados cuando no se ataja el momento, necesitamos experimentar porque 'no hay cima en los páramos'.


domingo, 27 de septiembre de 2015

El trabajo de Manu Torres

Qué ejercicio precioso hace Manu Torres en su díptico Nueva disección geométrica. Nunca pensé que el azar llegara a darnos la oportunidad de conocernos y que, inconscientemente, jugara con mi infancia. ¿Qué puede pensar alguien que llega hasta aquí, al lugar donde eché tantos campeonatos de bolindres?  ¿Qué ha visto en esas ventanas desiertas, acumuladas en un tablero de ajedrez donde empezar de cero? El mundo del fotógrafo está lleno de nostalgias, y un asidero perfecto es no encontrar la certidumbre de que en el instante las discusiones pueden ser teoremas que hagan una amistad.  Y siempre será del alumno al maestro, el alumno es el que siente esa nostalgia porque también querría dominar una técnica perfecta a la hora de manejar velocidad y obturación para realizar esa foto llamada 'Último día de madrugar, te lo prometo...', o conseguir terminar un ejercicio que nos mandó en el curso, pero como la vagancia ha hecho que olvide las mitad de las herramientas que nos enseñó en Photoshop, quizás, aquí toman plena conciencia las palabras que Eduardo Momeñe dirige a los fotógrafos jóvenes, y no de edad, cuando dice que 'o te quedas como un fotógrafo de fin de semana o te dedicas en cuerpo y alma. No es posible quedarse a medias y yo lo he hecho durante mucho tiempo'. 


foto de Víctor Valadés

Esta foto surgió del azar. Este cartel había pasado desapercibido para mí hasta que un día, como otro cualquiera, que pasaba por allí, hubo un incendio, fui a por la cámara, regresé, y me ha dado para hacer el viaje a Córdoba. En este fotograma estoy viendo la Mezquita, y que ha significado el siglo XX en nuestras vidas. Y esto lo he comprendido el otro día que fui a ponerme la inyección y volví a pasar por allí. El cartel ya ha sufrido eso que el Kairos llama tiempo, y quizás este siglo XXI ya no necesite ese idilio maravilloso de conseguir la vivienda de tus sueños para toda la eternidad.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Manuel González Sosa, una Teoría Poética



¿Qué resuelve una Teoría Poética? El poeta tiende a emanciparse con una solución que a veces es la mayor limitación que recogen sus versos, y Manuel González Sosa pregunta a cada verso que conforma su canon sobre esa poética. Armar un camino distinto en cada libro, disputarlo para hacerse oír, y sin embargo, Manuel, desea esa diferencia que es la llegada a unos pocos. Por eso se convierte en el insistente hallazgo de no dejar huella, quizá para que su poesía sea descubierta a cada instante; y al menos a mí me ha servido para contemplar, y que no fuera otra cosa el propósito de Andrés Sánchez Robayna al reunir sus poemas en este trabajo tan cuidado, estos nombres, líneas, bosquejos a la manera de su maestro Unamuno. Llegado hasta aquí me asalta la pregunta de si hubiera sido un poeta que hubiera ido a recoger el Nacional de Poesía, por ejemplo. Él fue a otros lugares en los que se sintió parte. Investigó para sus versos cuando bebía néctar de alguna fruta exótica: 'con zumos de las frentes, él labraba'. Por eso no existe itinerario que el que sigue la música al leer uno, un verso más. Esa investigación sirve para hacer al lector de poesía, alguien con una incertidumbre que busca en los versos aunque no encuentra. La poesía no da perdedores, porque el poeta sale ganando siempre; canta a lo perdido y el lector encuentra su sentido de pérdida. 'No espejo: fanal poroso'. El lector de poesía solo ve que allí sale el sol aunque no sabe cómo llegar, y 'a pesar de los vientos', las pérdidas se convierten en un proceso, y constituye un verso que dice que la vida es 'el racimo de espuma en que latía' el sol. Manuel González Sosa cree que la poesía ve, intuye, genera esperanza: 'juntas, belleza y dicha. Única pulpa', porque los senderos son los que se pueden transitar, y el hombre necesita luz. El sol ha salido, ha salido, ha salido 'en la plaza Nueva, que es, según creo, la más vieja de Bilbao'.


A pesar de los vientos, Manuel González Sosa. Salto de Página.

José María Cumbreño da sus claves sobre poesía

Los poetas inventados o el traje nuevo del emperador

Sé de algunos poetas que no existen, poetas que no han sido creados por dios, sino por su editor. La jugada es sencilla. No hay más que seguir los siguientes pasos.
- Primero. Debe elegirse a un escritor (o escritora) joven y de provincias, preferiblemente con aire lánguido, mirada perdida y gafas de pasta.
- Segundo. A continuación se le concede uno de los premios que publica la propia editorial (aquí interesa darle mucho bombo a la noticia, asegurar que se trata de la nueva promesa de la poesía española o algo así).
- Tercero. Seguidamente el editor omnisciente se encargará de ir publicando los sucesivos libros que el escritor (o escritora, no lo olvidemos) vaya produciendo.
- Cuarto. Los poemarios de marras se distribuirán por todo el país y se regalarán a cuanto crítico habite los principales suplementos literarios.
- Quinto. Aprovechar el efecto el traje nuevo del emperador para volver a afirmar que, sin duda, nos encontramos ante una de las voces más intensas (a pesar de sus silencios) de la poesía patria. Dejar que tales cantinelas corran de boca en boca.
- Sexto. Lograr que, como prueba indiscutible de su talento, vuelva a ganar otro premio (no olvidemos poner cara de sorpresa al abrir la plica) publicado por la misma editorial de siempre.
- Séptimo. Por último, sacar, transcurridos un tiempo, una antología del citado escritor (o escritora) como confirmación de que prácticamente es un clásico vivo y, mediante encendidos elogios en la solapa o la contraportada, animar a los indecisos lectores que aún no lo hayan hecho a comprar de inmediato su obra completa.
Mano de santo.

José María Cumbreño, Retórica para zurdos. Editora Regional de Extremadura.

Poema AMANECER de Tomás Segovia

Esta noche fue lo primero que hice, una especie de contemplación del poema Amanecer de Tomás Segovia. No como un absorto pensamiento como d...