domingo, 27 de septiembre de 2015

El trabajo de Manu Torres

Qué ejercicio precioso hace Manu Torres en su díptico Nueva disección geométrica. Nunca pensé que el azar llegara a darnos la oportunidad de conocernos y que, inconscientemente, jugara con mi infancia. ¿Qué puede pensar alguien que llega hasta aquí, al lugar donde eché tantos campeonatos de bolindres?  ¿Qué ha visto en esas ventanas desiertas, acumuladas en un tablero de ajedrez donde empezar de cero? El mundo del fotógrafo está lleno de nostalgias, y un asidero perfecto es no encontrar la certidumbre de que en el instante las discusiones pueden ser teoremas que hagan una amistad.  Y siempre será del alumno al maestro, el alumno es el que siente esa nostalgia porque también querría dominar una técnica perfecta a la hora de manejar velocidad y obturación para realizar esa foto llamada 'Último día de madrugar, te lo prometo...', o conseguir terminar un ejercicio que nos mandó en el curso, pero como la vagancia ha hecho que olvide las mitad de las herramientas que nos enseñó en Photoshop, quizás, aquí toman plena conciencia las palabras que Eduardo Momeñe dirige a los fotógrafos jóvenes, y no de edad, cuando dice que 'o te quedas como un fotógrafo de fin de semana o te dedicas en cuerpo y alma. No es posible quedarse a medias y yo lo he hecho durante mucho tiempo'. 


foto de Víctor Valadés

Esta foto surgió del azar. Este cartel había pasado desapercibido para mí hasta que un día, como otro cualquiera, que pasaba por allí, hubo un incendio, fui a por la cámara, regresé, y me ha dado para hacer el viaje a Córdoba. En este fotograma estoy viendo la Mezquita, y que ha significado el siglo XX en nuestras vidas. Y esto lo he comprendido el otro día que fui a ponerme la inyección y volví a pasar por allí. El cartel ya ha sufrido eso que el Kairos llama tiempo, y quizás este siglo XXI ya no necesite ese idilio maravilloso de conseguir la vivienda de tus sueños para toda la eternidad.

jueves, 24 de septiembre de 2015

Manuel González Sosa, una Teoría Poética



¿Qué resuelve una Teoría Poética? El poeta tiende a emanciparse con una solución que a veces es la mayor limitación que recogen sus versos, y Manuel González Sosa pregunta a cada verso que conforma su canon sobre esa poética. Armar un camino distinto en cada libro, disputarlo para hacerse oír, y sin embargo, Manuel, desea esa diferencia que es la llegada a unos pocos. Por eso se convierte en el insistente hallazgo de no dejar huella, quizá para que su poesía sea descubierta a cada instante; y al menos a mí me ha servido para contemplar, y que no fuera otra cosa el propósito de Andrés Sánchez Robayna al reunir sus poemas en este trabajo tan cuidado, estos nombres, líneas, bosquejos a la manera de su maestro Unamuno. Llegado hasta aquí me asalta la pregunta de si hubiera sido un poeta que hubiera ido a recoger el Nacional de Poesía, por ejemplo. Él fue a otros lugares en los que se sintió parte. Investigó para sus versos cuando bebía néctar de alguna fruta exótica: 'con zumos de las frentes, él labraba'. Por eso no existe itinerario que el que sigue la música al leer uno, un verso más. Esa investigación sirve para hacer al lector de poesía, alguien con una incertidumbre que busca en los versos aunque no encuentra. La poesía no da perdedores, porque el poeta sale ganando siempre; canta a lo perdido y el lector encuentra su sentido de pérdida. 'No espejo: fanal poroso'. El lector de poesía solo ve que allí sale el sol aunque no sabe cómo llegar, y 'a pesar de los vientos', las pérdidas se convierten en un proceso, y constituye un verso que dice que la vida es 'el racimo de espuma en que latía' el sol. Manuel González Sosa cree que la poesía ve, intuye, genera esperanza: 'juntas, belleza y dicha. Única pulpa', porque los senderos son los que se pueden transitar, y el hombre necesita luz. El sol ha salido, ha salido, ha salido 'en la plaza Nueva, que es, según creo, la más vieja de Bilbao'.


A pesar de los vientos, Manuel González Sosa. Salto de Página.

José María Cumbreño da sus claves sobre poesía

Los poetas inventados o el traje nuevo del emperador

Sé de algunos poetas que no existen, poetas que no han sido creados por dios, sino por su editor. La jugada es sencilla. No hay más que seguir los siguientes pasos.
- Primero. Debe elegirse a un escritor (o escritora) joven y de provincias, preferiblemente con aire lánguido, mirada perdida y gafas de pasta.
- Segundo. A continuación se le concede uno de los premios que publica la propia editorial (aquí interesa darle mucho bombo a la noticia, asegurar que se trata de la nueva promesa de la poesía española o algo así).
- Tercero. Seguidamente el editor omnisciente se encargará de ir publicando los sucesivos libros que el escritor (o escritora, no lo olvidemos) vaya produciendo.
- Cuarto. Los poemarios de marras se distribuirán por todo el país y se regalarán a cuanto crítico habite los principales suplementos literarios.
- Quinto. Aprovechar el efecto el traje nuevo del emperador para volver a afirmar que, sin duda, nos encontramos ante una de las voces más intensas (a pesar de sus silencios) de la poesía patria. Dejar que tales cantinelas corran de boca en boca.
- Sexto. Lograr que, como prueba indiscutible de su talento, vuelva a ganar otro premio (no olvidemos poner cara de sorpresa al abrir la plica) publicado por la misma editorial de siempre.
- Séptimo. Por último, sacar, transcurridos un tiempo, una antología del citado escritor (o escritora) como confirmación de que prácticamente es un clásico vivo y, mediante encendidos elogios en la solapa o la contraportada, animar a los indecisos lectores que aún no lo hayan hecho a comprar de inmediato su obra completa.
Mano de santo.

José María Cumbreño, Retórica para zurdos. Editora Regional de Extremadura.

Poema AMANECER de Tomás Segovia

Esta noche fue lo primero que hice, una especie de contemplación del poema Amanecer de Tomás Segovia. No como un absorto pensamiento como d...