domingo, 25 de septiembre de 2016

Decidirme por un bando

Estoy a medio camino entre estar fuera y dentro y nunca me defino, me refiero al hecho religioso. ¿Quién quiere leer un texto religioso? Y los que están dentro de lo religioso no salen fuera, y yo estoy a medio camino, sintiendo que no estoy en un lado ni en otro. Puedo leer a Fray Luis o Teresa de Jesús y sentirme muy cerca. Puedo leer a Ana Blandiana y sentirme muy cerca. Puedo leer a Juan Pablo II o Benedicto XVI o Francisco y sentirme muy cerca. Puedo escuchar el rock más duro y más sinóptico y sentirme muy cerca. Siento una apertura de corazón de todo lo que quiero aprender y me queda el resto de mi vida. He llevado películas al Taller de Cine de la Parroquia que trataban el tema del suicidio y el cura responsable no entrar en la proyección. Me pregunto qué se le enseña a un joven hoy en día en una catequesis porque no lo sé. 
He ido a reuniones a Madrid sobre Salud Mental y no se puede sacar el tema religioso, trabajo en un invernadero en que la monitora hace la gracia de 'el cuerpo de Cristo', ya no hay afinidad. Y no sé si fue el Papa Francisco quien dijo que la vida cristiana había que sacarla fuera de las iglesias, o que se debería abrir las puertas de las iglesias al mundo. 
Ya sé que este es un blog literario, pero me apena tener que decidirme por un bando. Alguien que conocí, agradable, pone un mensaje bello de Jesús de Nazaret en el WhatsApp del Club de Lectura, y el coordinador se alza en armas y lo llama proselitismo cuando no creo que esa persona fuera más allá de dejar un pensamiento positivo. Hemos dejado de interiorizar: ¿ya no comprendemos a Juan de la Cruz cuando hablaba del Amado o a la inmensidad latiendo de lo que yo no soy de Revisión de mi naturaleza de Sergio Gaspar? ¿De verdad tengo que decidirme por un bando? ¿No puede haber un diálogo encomiable, eterno?  

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