martes, 18 de octubre de 2016

Enfadarse

Esteban leía las hojas del mar, de noche, cuando el cansancio de una noche de fiesta detiene la euforia, y llorando se pregunta por qué se fue con Luis. Había demasiado ruido, el mar era demasiado grande para encontrar consuelo, y, entonces, decidió marcharse. Susan estaba sentada en las escaleras del malecón, y Esteban miraba el ruido del mar en la arena. 
—¿A dónde vas? —le dijo Susan al pasar a su lado.
—¿Qué haces aquí? Él siempre ha sido mejor que yo.
—Me gusta estar sola en la playa, y como estabas tú, he esperado a que salieras de aquí.
—Lo pasaste bien, ¿verdad? Yo no soy capaz de hacer algo así, no sé escribir poemas. Y estoy harto de ser tu amigo. Estoy harto de mi vida.
—Bueno, voy a sentarme allí, donde la arena está removida por alguien.
—Y pensarás en él. Él es el hombre, yo sólo soy un amigo para todas vosotras.
—Voy a estar allí toda la noche. Cuando pase por tu casa por la mañana, te llamo.
—¡¡¡¡Adios!!!!



Foto de Felix H. Man

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