domingo, 2 de octubre de 2016

La chica de Ipanema

Se puso The girl from Ipanema en los cascos y escuchaba y escuchaba que la chica de Ipanema caminó sensual por la playa de Río de Janeiro con un vestido corto de flores que se enredaba entre sus piernas. (Ah! porque estou tão sozinho / Ah! porque tudo é tão triste /Ah! a beleza que existe.) Se dio la vuelta y por la ventana que daba a la inmensa arboleda de olas, en el lado amarillo de las caricias que él imaginaba, una chica corría. Esteban pensó que su amiga Teresa había abierto la puerta, y mientras veía los pies evaporarse, echó la llave por fuera y murió junto al atardecer.
La orilla de la playa estaba cerca, tan cerca al sentarse, que aquella chica tropezó sobre su cuerpo y los auriculares se enredaron con sus dedos. Se atrevió a llevarse al oído la sensación que esa chica le había producido, y ella le dijo:
—¿Te gusta?
Él la respondió: 
—A los dos nos gusta la chica de Ipanema.
Se había hecho de noche, y ella, a su lado, sentada, le contó una historia de una canción brasileña.



Foto de David Hockney

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