sábado, 31 de diciembre de 2016

Changes

Acaba el año y acaba la calle donde dejé de seguirla, no podía hacer nada más. Un sol espléndido, y los pájaros que se quedaron en este invierno cantaban, por eso iba al banco del parque a escribir este texto. Nunca me había fijado tanto como ahora en esta calle; las fachadas blancas, las ventanas azules como un viejo pueblo de pescadores, la vieja que llevaba el carro de la compra, y esa cocina que no conocería, donde preparaba un plato suculento a su nieta. 
¿Para qué ir al banco del parque si desde esta ventana se ve la calle, y la nieta abre la puerta del portal y se monta en el coche de un amigo? La memoria es perecedera. Los peces del arroyo, por selección natural, aparecen en un suculento plato, pescados por el tío Miguel. Iré al arroyo a ver a los pescadores pensar en el amor, porque el tiempo cree en una dulce comedia entre el amor y un viejo caballero que tira colillas a las vías del Metro. Necesito este contexto porque ella está triste, lo sé. Todo esto lo escribo pues no sé llegar a su corazón. Imagino que soy el muchacho que lleva a la nieta a un viejo Bar y cenan pescado: pero por qué pescado, ¿no es verdad que hay algo de insólito en dos chicos que no pueden acercarse, que están solos, y que estarán solos el resto de sus vidas si quieren?

En poesía los cambios
son como velas apagadas
que alumbran la casa
de alguien que te está esperando.



Michael Kenna


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