lunes, 21 de agosto de 2017

Reflexión de finales de agosto



En la carpeta de 2017 de mis proyectos literarios hay 46 proyectos empezados y ninguno terminado. No lo valoro como una batalla perdida porque sé que me está llevando a algún lugar. Lo presiento, como intento que este verano no me arrastre a la desidia y el tedio del calor. Escribo sin método, con el fantasma fastidioso de que no se me da bien lo intelectual. Quizá tener vacaciones no sea una buena idea, porque este verano está siendo el verano de constatar que sigo buscando algo, perdido en la figura femenina, y que me hago demasiadas preguntas que no existen. 
La introducción de un bosquejo de cuentos me está sirviendo para encontrar lucidez e intercambiar espacio con los mejores momentos de mi vida, mi adolescencia, donde se forjó este carácter enfermizo de hoy. En la poesía he hallado un pueblo de seres que mitigan su soledad intercambiándose poemas, así me imaginaría que están construidos los míos. En el cuento veo la fuerza para construir una novela larga, que enrede con los sinsabores que da este calor. Sabiamente, leí palabras de un poeta amigo que me reconfortaron cuando me hablaba de que es mejor hacer un libro en su totalidad y como obra, que jugar con muchos proyectos sin sentido. 
De momento, estos 46 proyectos encabezan la sabia de un libro de poemas, que ahora, en septiembre, al comienzo del próximo curso, le buscaré editor; y un libro de cuentos, cuya búsqueda y guía es el sujeto femenino: he perdido las charlas que me ayudaban a sobrevivir con una amiga, ella ya tiene su proyecto encauzado. Me dijeron: lo de la pareja surgirá si tiene que surgir, sino pues no surgirá. Aunque también hay que poner de sí mismo, y yo en ese tema no estoy de parte de nadie. Me cuesta olvidar, reponerme de maniobras fallidas, y eso aparece en mis escritos. Son inmensamente románticos, y alguien que me aprecia habla de esto como un fallo en mi vida, pero que no tiene por qué ser un fallo de mi escritura. Una mujer amiga, me dijo, que tenía una gran imagen de la mujer, y es verdad. A mí, generalmente, la mujer no me ha hecho nada, yo lo he fastidiado en multitud de ocasiones, y eso es una reflexión que me hago cada vez más. No soy egoísta y en el amor hay que ser egoísta. He intentado no sentir celos, pero dice San Agustín que 'el que no tiene celos no está enamorado'. Una frase que me ha sorprendido en demasía. Una chica está con quien le ha demostrado su amor, y yo no he demostrado nunca mi amor a ninguna chica. Eso es mentira, pero es la forma que tengo de ponerme metas cuando no sé qué camino seguir. Sé también que hay heridas que no sanan, y que según el informe de mi terapeuta, en el que el entendimiento desasosiega, hace estragos en mi incapacidad.  

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