sábado, 30 de septiembre de 2017

Siglo XXI

Levantarse de nuevo


Literatura; que la caligrafía sea lenta como los colores de un acorde menor,
incluso para remediar el fracaso hay un corazón que estropea la tristeza,
y quizás con clarividencia entenderemos mejor la urgencia que hay
de no ser esclavos.

Siglo XXI y en qué te manifiestas: en las sandalias hay un mensaje,
poco equipaje y viajar de un lugar a otro, entender
el dolor como un refugio difícil, ese acto que hace
alguien por ti… la literatura de lo imperecedero.

Me tengo que levantar a las seis de la mañana para repartir el pan.
No quiero, no quiero despojarme de mi comodidad
hasta que tropiezo sobre la misma piedra, y eso que había sembrado flores;
no la quité porque quería fracasar, al atardecer
de un día de invierno demasiado frío hay imágenes que no sirven,
y que no las encuentro. Necesito hallar
lo que no funciona, necesito esa música como llover,

en las imágenes de mi vida hay un día de lluvia
en que saqué el paraguas, y te refugiaste, y me dijiste:
te dejo porque necesito que la vida me dé caña
y contigo iba a ser muy feliz.  

domingo, 24 de septiembre de 2017

¿Qué me duele?

Y los álamos son dos días en la lluvia

eliminando precisiones

porque lo que importa es el pecado, errar,

tropezar para recibir el abrazo

que ha destrozado la herida.

Pintar de negro

Necesito barullo, me da miedo lo blanco,
me da miedo ver

que soy yo al que han construido

y no a un extraño que bebe vino y cree en lo que reza:

—Allí donde me reúno contigo estoy yo,
diría un profeta.

Algo semejante pasa con los estilos:

(Me equivoco al ser el amante de la mente,
aquél que no ve posibilidades de destino.

Yerro y por eso busco, allí
donde nada me apetece,

así.)

Mad

El loco mira por la ventana

el transcurso de la vida, la memoria ausente
de la gente que enreda
en la publicidad y compra cosas…

El loco cree, al escuchar los pájaros,
que no hay que apagar la luz.

La duda de dirigirse a ella

En la oscuridad del sol simplemente

me ciega que sea tan espléndido en la ausencia de las cosas,

me cuesta encontrarle explicaciones

a mis días aciagos; estoy mejor en la noche

con las prostitutas musas en mi cercanía,

que equivocan el rostro que persiguen mis zapatos

como hacer el gesto de encender un mechero

en el concierto que vi solo,

y que ella se perdió.

El estilo de un poeta de blog

Al menos, ¿ocurriría?


Echo de menos el sonido del WhatsApp,
irme a la cama sin tener sueño y dormirme
para encontrar una fantasía.

Ella inventaba tan pocas preguntas…
y yo acostumbraba a cruzar desfiladeros en sus estados de ánimo
como las moscas buscan el dedo de la mano
sin saber encontrar la muerte;

(¿de antemano era posible atarla con un cordel
y estrangular su belleza con nostalgia?)

Llegaba el verano y daba vueltas solo al pueblo, y nadie
preguntaba por mi soledad:
         —la gente iba sola por el mundo
         como tú y como yo—

la gente no entendía nada de las cosas,
sino de la inercia de que había que crecer, y si crecías, tener hijos,
y si los tenías, cuidarlos, y si los cuidabas
habías aprovechado tu vida sin arrojarte por una cañada.

¿Eres fiel a un sentimiento de amor,
porque cruzarás el país para encontrarte con él?
Si él nunca te hizo ningún poema

y yo guardé en un cajón lo que decían los editores:
‘si no olvidas, no escribirás poemas’,
escribía espinas que miraban dentro al clavarse
para demostrar que el dolor era cierto y que había estrellas
que machacaban al alumbrar tanto.

Lo inevitable

Qué difícil es alejarte de lo usual, hacer algo que sea un artificio que se parezca a lo poco, como si el silencio inventara a la muchacha...