miércoles, 19 de septiembre de 2018

La única reflexión en este momento

Introduzco las palabras como si me hubieran vencido, mi presencia en ellas se diluye para entrever una simple transparencia, quiero conocer el último día de mi vida, quiero pensar que esto de la excelencia ahora inevitablemente no sale a la luz, y que recordar lo inevitable -que el ser humano del siglo xxi aboga por lo aburrido- es una situación extraña para un animal moribundo como yo.
El otro día dijeron que nuestros padres sabían más que nosotros, y que nosotros sabemos menos, y que mis sobrinos saben menos, y así hasta que el mundo no sepa nada, aunque sea capaz de hacer la compra por medio de una pantalla que está en la puerta del frigorífico.
Mis miedos son elementales. ('Quiero demostrarme / que todos los barcos han zarpado. / Resulta extraño que, de antemano, la vida / sea ese establo donde el jinete llora la muerte de su caballo. / Todos aprendimos que de la nostalgia / se fabrican recuerdos falsos.') Estos versos me salieron una de estas tardes de septiembre en que todo empieza de nuevo. El curso, la vida. Algunos tenemos otra oportunidad por un instante, otros la han perdido por un cruel y fortuito regalo del destino. Somos tan vulnerables. 
El animal no necesita de nadie para sobrevivir; nosotros lo queremos todo: el amor de unos padres, el reconocimiento, la nostalgia. Cuando voy a casa de mi hermana Bolo me saluda, y necesita tan pocas cosas para vivir. Yo necesito dos asignaturas en la Uned, una estantería llena de libros, la ausencia del amor y la presencia de los amigos, un frigorífico lleno, y la destrucción del planeta; este blog.    

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