jueves, 9 de abril de 2020

Antonio Cabrera vs Antonio Méndez Rubio


No un destello, / su pulso / casi sin claridad / cruza de cuerpo a cuerpo / cambiando de sentido. / Amanece y no es cierto / que lo que existe sólo / sea aquello que es visible: / verdad feliz de quien / lo puede ver. / Está / por verse la razón / de ese último silencio.

Antonio Méndez Rubio

El obstáculo

Reina una luz unánime que iguala / a todo ser, al darle a cada uno / su cantidad exacta de presencia; / aquí la arena tibia, allí la espuma; / más allá el horizonte / (un más allá imposible pero cierto); / a este lado las cañas, verticales, / como trazos sagrados; / y al fondo las colinas, abrasándose / de tanta claridad.

Al principio parece / que este esplendor del día lo confirma: / el que busca secretos no sabe ver las cosas; / nada está oculto; todo se explica en su contorno.

Y, sin embargo, basta / con retornar, aun levemente, a la niebla pura / que son los pensamientos / para que tanta luz desafiante / abdique en la conciencia, / y cuanto era en los ojos bendita precisión / —flor que es flor, rosa suficiente y firme— / adquiera nuevo rostro, una máscara / que lo hace incomprensible pero idéntico, / como un animal doble que segrega / su propia ocultación / y confunde su cuerpo con su cuerpo, / desdibuja los límites, las formas, las razones, / y acaba pareciéndose a sí mismo, / inmaculado y obvio.

Escucho palpitar un corazón sombrío / bajo el radiante obstáculo de su piel clamorosa.

Antonio Cabrera


Las estrellas ya están apagadas cuando percibimos su luz: así podría empezar una manera de destruir la realidad, o acercarse al propósito de una redención de la que, de forma dispar, hablan Antonio Méndez Rubio y Antonio Cabrera en estos dos poemas. Ya Baudrillard hablaba del simulacro diciendo que, si ‘lo real está desapareciendo, no es debido a su ausencia; es más, hay demasiada realidad. Y es ese exceso de realidad lo que pone fin a la realidad.’
          Habríamos podido disimular las dos asonancias de una misma disposición, al acercar El obstáculo, de A. Cabrera, al pensamiento, mientras A. Méndez Rubio no teje sus credenciales en la Naturaleza, si no que hay algo más allá, más armónico, por debajo, sin que la claridad lo organice. Lo llama carente de claror, como si A. Méndez Rubio hubiera encontrado una propuesta a la excelente descripción de la que habla A. Cabrera, cuyo significado lo encuentra en nada oculto, y el obstáculo, la propia mente. Ya Nietzsche decía que ‘las verdades son ilusiones de las que se ha olvidado que lo son’, y me temo que tanto A. Cabrera, como A. Méndez Rubio buscan una nueva teoría para el mundo, es decir, para el verso. En Abierto por obras, A. Méndez Rubio sintetiza en palabras de una de las protagonistas de El desierto rojo, una de las películas de Antonioni (1964) la desesperación del ser moderno, cuyas palabras: ‘Hay algo terrible en la realidad. Pero no sé lo que es. Y nadie me lo dice’, dirigen una mirada contraria a lo que sopesan los dos poemas; Antonio Cabrera citaría al pensamiento como origen de ese ‘algo terrible’, mientras A. Méndez Rubio oculta su refugio en algo más allá de la Naturaleza, por debajo. Se pregunta por la razón de ese ‘silencio último’.
          A partir de aquí dejo al lector que se deleite, ante todo, con estos dos poemas bellos en los que buscamos hoy más que nunca explicaciones a nuestro mundo.

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