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A solas, con los fracasos del bien,

ni siquiera el día encuentra el instante

Necesitamos el atardecer,

el inmenso refugio de la incertidumbre

para construir esperanza,

como la carretera construida en la imaginación

que parte del desorden de la vida

Siguiendo el ánimo del mirlo,

no muero en la vejez,

ni siquiera en la enfermedad

Lo que en mí hay es un paraíso,

una cuestión de confianza, de infinito

Supongo que cuando hay detalles

para soplar las velas,

y hay razones para rezar,

lo demás no tiene importancia